Domingo, 8 de novembro Xinzo 11° Guardia: FARMACIA OLIVERA CORTIÑAS, C. B.
Entroido de Xinzo de Limia

El manturreiro y el Entroido de Boado

El Entroido de Boado (Xinzo de Limia) y su manturreiro, la máscara nocturna que asustaba en las casas: traje, acciones, la cuerda con Pidre y la recuperación por la asociación Tras-la-Xas, según Camilo Vila García (2010).

Dónde
Boado (Xinzo de Limia)
Máscara
Manturreiro (manturrieiro)
Traje
Manturria, carapucho, cinto, palo y cesto
Estudio
Camilo Vila García, 2010

El manturreiro (en las actas, manturrieiro) es la máscara más temida del Entroido de Boado, parroquia del concello de Xinzo de Limia. Camilo Vila García estudió la máscara y todo el Entroido de la aldea en la comunicación «O manturreiro no entroido en Boado», publicada en las actas del III Congreso de Patrimonio Etnográfico Galego, titulado O ciclo do entroido: de práctica social comunitaria a obxecto de estudo etnolóxico (Ourense, Deputación de Ourense, 2010, páginas 65–72) [1][2]. El texto íntegro de la comunicación, reproducido con permiso del autor, está en El manturreiro en el entroido de Boado: texto íntegro. Esta página resume ese trabajo y la descripción complementaria del blog As tradicións da Limia [3].

Boado y la asociación Tras-la-Xas

Boado es una aldea a unos tres kilómetros de Xinzo, regada por los ríos da Bea y Limia. El autor propone que el topónimo venga de una raíz céltica que significaría «agua parada, charca, fuente», dado que en la aldea hay alrededor de veinte fuentes y manantiales. En el momento del estudio vivía allí un centenar de personas, más de la mitad mayores de 65 años, y vivía sobre todo de la agricultura (patata y cereal) [2].

El trabajo nace de la Asociación Cultural, de Desarrollo Rural y Promoción del Camino de Santiago «Tras-la-Xas», creada oficiosamente en la primavera de 2007 y oficialmente en 2008, que aprovecha el paso del Camino Portugués y recupera recursos etnográficos como un horno centenario que pasó a ser el eje de la vida social de la aldea (magosto, Noiteboa dos Mozos, Noche de Reyes, concurso de la patata más grande y, al final, el Entroido) [2]. Sobre el Camino, véase El Camino de Santiago por A Limia.

El Entroido de Boado a lo largo del siglo XX

Según los recuerdos de los vecinos, el Entroido existía en Boado antes de la Guerra Civil, con fiestas los dos domingos anteriores a la Cuaresma. Prohibido por el franquismo hasta 1955, renació en 1942 como fiesta rural y casera, con disfraces y animación hechos en casa; del de 1950 aún se recuerda que tuvo fama en toda la comarca. Cuando se levantó la prohibición, el de Boado entró en declive: la oferta de Xinzo era mucho mayor y la vuelta de los emigrantes, a partir de la segunda mitad de los sesenta, inclinó a la gente hacia un Entroido más masivo. El señor Silvestre, que sostenía la fiesta tocando en la Aira dos Moitos, junto al crucero, dejó de tocar, y los tocadiscos sustituyeron a los gaiteros y a las lateiras que tocaban en latas de pimiento. El último testamento representado en Boado fue el de 1981 [2]. El autor ve en la pantalla de Xinzo un símbolo de la fiesta, pero también una fuerza centralizadora que fue acabando con los entroidos de las aldeas [2].

El ciclo del Entroido

  • Domingo corredoiro, fareleiro o de las chirnas. Comenzaba con una misa y con una gran hoguera entre el crucero y la Aira dos Moitos; el juego consistía en manchar a la gente con chirnas (restos de leña medio quemada), ceniza o salvado y en salir limpio, con refugio en una pared de piedra [2].
  • La semana de asustar. Los vellos das chocas corrían la aldea con cencerros alrededor de la espalda y, por la noche, los mozos asustaban sobre todo a las chicas casaderas, a veces simulando ser ladrones; así nacieron leyendas como la del hilandero asaltado [2].
  • Domingo de Entroido. Misa, y después la visita de la gente de las aldeas vecinas (Pena, Soutelo y, sobre todo, Pidre), a quienes los de Boado recibían de feas; ese mismo día iban bien vestidos los visitantes [2].
  • Lunes. Día tranquilo; solo al anochecer salían los más atrevidos, que podían entrar en los telares de las mozas y en las cocinas [2].
  • Martes de Entroido. Se invertía el orden: los de Boado, de bonitas (traje de lunares), iban a Pidre, donde leían el testamento [2].
  • Miércoles de ceniza. Fin de la fiesta y comienzo de la Cuaresma, con la misa más solemne del año [2].

Entre los disfraces, el estudio cita los de hombre (espantapájaros de paja, Guardia Civil, vaca o mula con dos personas bajo una manta), los de mujer (feas, bonitas o gitanas, españolas, de época), las carozas de junco y los caruchos con su capucha, y los farrumeiros, el disfraz más sencillo, de trapos viejos, que usaban también los niños [2].

La cuerda con Pidre

El mayor atractivo era el enfrentamiento verbal con la aldea vecina de Pidre, a un kilómetro. Los de Pidre llegaban a las inmediaciones de Boado y encontraban una cuerda atravesada en el camino, que simbolizaba que no podían pasar; a partir de ahí versificaban, uno por cada lado, al modo de la regueifa. Quien perdía la lucha dialéctica era objeto de burla durante un año, por lo que había improvisadores muy apreciados, como el Tío Soutelo («el rey del Entroido de Boado») y Antonio Furela. El autor recoge un verso de Ángela Iglesias, la última figura del genuino Entroido boadés: «Se me facedes o favor / retirades a cordela / porque se non a quitades / chega o sangre a Pontecela» [2].

El manturreiro

El autor describe al manturreiro como el personaje más importante y temido del Entroido boadés. Entraba en las casas, sobre todo en las lareiras donde estaba la gente, y, en los últimos tiempos descritos por el autor, en las tabernas, y asustaba a todos los presentes: sus iras iban contra las mujeres, a las que intentaba desnudar, y contra los niños [2]. También actuaba en la calle, donde quien se atreviese a andar en días señalados se llevaba su susto [2].

Traje y útiles [2][3]:

  • La manturria: manto hecho con los sobrantes de otras confecciones o con trapos viejos, que cubría todo el cuerpo; sus partes eran el carapucho (en la cabeza), el lomo (en la espalda) y el pecho.
  • La cuerda, con el nudo que forma el carapucho y esconde el rostro.
  • El cinto, normalmente de cuero, para amarrar la manturria a la cintura.
  • La toquilla, que cubría la espalda, negra o de colores.
  • El palo, el principal útil para asustar, recomendable con punta.
  • El cesto, donde llevaban ceniza, harina o paja seca para ensuciar a la gente.
  • Cencerros (opcionales): según la sabiduría popular, una corriente dice que no los llevaban para guardar el sigilo y otra que sí, porque lo importante era hacerse notar.
  • Era común impregnar el traje de excrementos o barro para un aspecto más macabro.

Salían por la noche o al anochecer, nunca de día, porque lo importante era que, pasado el Entroido, nadie supiese quién había sido el manturreiro y se discutiese si había sido una u otra persona [2].

La recuperación

Con el declive del Entroido local, el manturreiro desapareció. La recuperación real del Entroido de Boado y de su figura emblemática fue uno de los objetivos de la asociación, que comenzó con la reunión del pueblo en la fiesta, los pinchos para todos, la reaparición del manturreiro y la lectura de las coplas de Entroido [2]. El blog As tradicións da Limia confirma que los mozos de Boado recuperaron la máscara en los años 2010 y 2011 [3].

Enlaces

Fuentes

  1. O manturreiro no entroido en Boado (Camilo Vila García, Dialnet). https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7238588
  2. O manturreiro no entroido de Boado, en Actas do III Congreso de Patrimonio Etnográfico Galego, pp. 65-72 (Deputación de Ourense, 2010). http://revistas.biblioteca.uvigo.es/libros/ACTAS_III_CONGRESO_ETNOGRAFIA.pdf
  3. Aclaracións sobre textos «collidos prestados» sen nomear ao autor – O MANTURREIRO (Tradicións da Limia). https://tradicionsdalimia.es/aclaracions-sobre-textos-collidos-prestados-sen-nomear-ao-autor/
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