
El manturreiro en el entroido de Boado (Camilo Vila García, 2010): texto íntegro
Reproducción íntegra, con permiso del autor, de la comunicación «O manturreiro no entroido de Boado» de Camilo Vila García (III Congreso de Patrimonio Etnográfico Galego, 2010): historia, ciclo, disfraces y el manturreiro.
- Autor
- Camilo Vila García
- Publicación
- Actas del III Congreso de Patrimonio Etnográfico Galego (Ourense, 2010)
- Páginas
- 65–72
- Estado
- Texto reproducido con permiso del autor
Esta página conserva el texto completo de la comunicación «O manturreiro no entroido de Boado», de Camilo Vila García, publicada en las actas del III Congreso de Patrimonio Etnográfico Galego. O ciclo do entroido: de práctica social comunitaria a obxecto de estudo etnolóxico (Ourense, Deputación de Ourense, 2010, pp. 65–72, ISBN 978-84-693-0140-1) [1][2]. El autor dio permiso para reproducirla íntegra, con el fin de que este conocimiento no se pierda. Se ofrece aquí la traducción al castellano del texto original gallego, fiel a su contenido y a sus expresiones; se omiten las fotografías (con sus pies «Pantalla de Xinzo» y «O Manturreiro. O Cesto: a palla e máis o pau»). Los términos propios del Entroido se mantienen en gallego. Para un resumen y el contexto, véase El manturreiro y el Entroido de Boado.
INTRODUCCIÓN
Esta aportación es la selección del trabajo de un colectivo de personas preocupadas por la situación de la sociedad rural, así como por las propias manifestaciones de la población.
La experiencia se enmarca en un conjunto de actividades que viene desarrollando la Asociación de Desarrollo Rural "Tras-la-Xas", que nace por la convergencia de las fuerzas de los diferentes sectores de la población de una pequeña aldea limiana, como se explicará a continuación.
Conviene introducir al lector en la realidad de la comarca ourensana de A Limia, para comprender la magnitud real de este proyecto, donde la manifestación más señera de la cultura laica es el Entroido, en cada una de las vertientes o posibilidades en las que se presenta.
Asimismo, es oportuno aportar una introducción del contexto concreto de estudio en este trabajo, Boado, una aldea que emerge al este de la capital del concello, Xinzo, a unos 3 kilómetros aproximadamente.
Es muy probable que el topónimo ‘Boado’ proceda de la palabra céltica bed/bud, que significaba "agua parada, charca, fuente". Es alta la fiabilidad de esta hipótesis al existir en la aldea alrededor de 20 fuentes y manantiales.
La población actual ronda el centenar de personas, de las que más de un cincuenta por ciento supera los 65 años, dato preocupante y extendido a todo el rural gallego.
Fue un pueblo claramente emigrante, como tantos; además de los factores coyunturales, extensibles a toda la Nación, conviene citar factores como la proximidad con Xinzo y con Ourense, lo que hizo que fuese fácil marcharse de la tierra. El problema más importante de la emigración en Boado se dio una vez que esta terminó, ya que muy pocos fueron los que optaron por volver a la tierra madre, y quedaron esparcidos por la geografía gallega, sobre todo en Vigo, Ourense y Xinzo, por eso la población envejece a pasos agigantados.
Las tierras son regadas por dos importantes ríos de la zona, el Río da Bea, que en tierras boadesas confluye en el Río Limia, que le da nombre a la comarca.
Por estar en el marco de la tierra Limiá, es fácil encontrar amplias superficies llanas, aunque el núcleo del pueblo está al resguardo de un monte.
Actualmente la vocación agraria es evidente y casi exclusiva entre las escasas actividades económicas del pueblo limiano. Pese a la existencia de una pequeña cabaña de ganado bovino, hay que decir que el pueblo vive de sus tierras, pues se da el cultivo extensivo tanto de patata como de cereal, existiendo alguna plantación de legumbres.
A nivel histórico hay que mencionar que no se presentan diferencias notables con la historia común en la zona, aunque en la historia más reciente vamos a subrayar la huella que dejó la Guerra Civil en Boado, con más de una docena de muertos, además de enfrentamientos entre miembros de la misma familia y barbaridades similares, por lo que el pueblo quedó dividido en dos durante muchos años.
También conviene hablar del tres de mayo de 1945, que trajo consigo la helada más importante de la historia limiana, y que dejó la zona sin posibilidades económicas; fue el llamado "año del hambre", del que las gentes no se recuperarían hasta cinco años después.
Boado aparece como un pueblo adormecido, pero una serie de movimientos promovidos por los propios habitantes hace que el espíritu de la tierra no se esfume.
En este sentido, conviene hablar de la Asociación Cultural, de Desarrollo Rural y Promoción del Camino de Santiago, "Tras-la-Xas", que nace oficiosamente en la primavera de 2007, para constituirse oficialmente en 2008, y ser el referente del trabajo mancomunado del pueblo. Las líneas de actuación son diversas: por un lado, y aprovechando el paso del Camino Portugués hacia Santiago, desde la Asociación se está trabajando para fomentar el conocimiento y uso del mismo; por otra parte, la actividad de la asociación se encamina hacia la conservación y aprovechamiento de los recursos etnográficos que presenta la aldea, así, podemos encontrar un horno centenario, que pasó de cuatro décadas de olvido a ser el eje que vertebra la vida social del pueblo, acogiendo la celebración de diferentes eventos a lo largo del invierno (Magosto, la Noiteboa dos Mozos, Noche de Reyes, Concurso Anual de la "Patata Más Grande", y recientemente, el Entroido), una Aira reformada como Plaza del pueblo y sede de la fiesta, la veintena de dichos monumentos relacionados con el agua, etc.
El ideal que cimienta la Asociación y que también es el lema de la misma, es el desarrollo de una vida activa, productiva y real en Boado.
Atendiendo al Entroido, tema del trabajo, cabe citar la labor mancomunada de viejos y jóvenes en pro de una recuperación real del Entroido de Boado, así como de su figura por antonomasia, el Manturrieiro.
Las primeras actividades fueron la reunión del pueblo con motivo de la celebración del Entroido, la colaboración en la elaboración de pinchos para toda la gente, la reaparición del Maturrieiro en la fiesta, y la lectura de las coplas de Entroido, puntos que serán explicados más adelante.
Considero necesario hacer una pequeña introducción en relación con el Entroido de Xinzo, en parte culpable de la desaparición de los otros muchos entroidos que se celebraban en los pueblos.
Es por el gran público bien sabido el significado, tradiciones y disfraces del Entroido de Xinzo, pero es bien seguro que muy pocos reflexionen sobre el hecho de que el Entroido de nuestros días no es más que una herencia adquirida como testigo de la fiesta y culturas gallegas, antaño tan valoradas.
Así, podemos analizar, a modo de contextualización, algunos de los fenómenos que acarrea el Entroido de Xinzo: la máscara representativa es la Pantalla, reflejo de un ser viril, que dificultó, hasta nuestros días, la incorporación de la mujer al Entroido; por otra parte, podemos también recoger el fenómeno centralizador que tuvo, pues fue acabando con los entroidos de las aldeas; la dimensión actual del Entroido lo convierte en la referencia de la fiesta en el País, lo que conlleva el excesivo número de entroideiros, punto por el que el Entroido perdió cierto carácter de escarnio local; la invasión transgresora del espacio público es una de las características propias de la fiesta, a pesar de que actualmente los espacios ya se delimitan previamente con bastante rigidez; también se desecharon las costumbres rurales menos finas (las fareladas quedan reducidas a una inocente batalla infantil y Xinzo tampoco quiere petardos ni fomenta los "cichadores con agua").
HISTORIA DEL ENTROIDO DE BOADO
A continuación se hará una visión histórica del Entroido de Boado en los últimos cien años, marcados en alto grado por el hecho más importante que ocurre en la España del siglo XX.
Centrándonos ya en el estudio socio-histórico del Entroido de Boado, hay que citar que todo el material recogido fue gracias a la inestimable colaboración de los vecinos del pueblo, encantados ante el proyecto de estudio del Entroido y la posibilidad de la recuperación del mismo.
Hay datos concretos, que yacen en el recuerdo de los que lo vivieron, de que el Entroido en Boado existe desde antes de la Guerra Civil (1936-1939) y ya por aquel entonces se celebraban fiestas los dos domingos anteriores al comienzo de la Cuaresma, llamado Entroido, o por la influencia del idioma cervantino, Carnaval, y en el corazón de cada boadés, Antroido.
Una vez terminado el conflicto, no es hasta 1942 cuando el Entroido renace en Boado, como una fiesta mayoritariamente rural, sin importantes gastos económicos, ya que no había de dónde sacarlos. El Entroido se hacía en casa, tanto los disfraces como la propia animación.
Desde la Guerra Civil hasta 1955 estuvo prohibido por el régimen franquista, pero en las aldeas se apostó por no caer en el desarraigo y se luchó por que la fiesta no muriese.
Los más viejos recuerdan con nostalgia aquel Entroido de 1950, del que se supo en toda la comarca, dada la espectacular fiesta que se generó.
En 1955 se levanta la losa de la prohibición sobre los entroidos, y el de Boado entra en un importante declive, que lo llevará hasta su desaparición. La oferta era mucho mayor, y el apoyo de la gente se concentró en Entroidos más multitudinarios.
La persona que hasta entonces se había alzado con el peso del Entroido, el señor Silvestre, dejó de tocar en la "Aira dos Moitos", centro neurálgico del pueblo y auténtico epicentro del Entroido, situada junto al Cruceiro, que representa el centro del pueblo; la "Aira dos Moitos" se erige como una majestuosa superficie llana, de dos niveles, y que se presta a la perfección para la celebración de acontecimientos como el del Entroido o la fiesta de San Pedro. El Silvestre calló, y en su lugar aparecen los tocadiscos, que intentaron amenizar los festejos de los boadeses; así también fueron callando los gaiteros y las lateiras, que con vigor tocaban en las latas de pimiento que venían de la feria.
Puede datarse de la segunda mitad de la década de los sesenta la vuelta de los emigrados a sus casas natales, y estos prefieren un Entroido más masivo como podía ser el de Xinzo.
El Entroido servía asimismo para amparase y darse el gusto de la mejor comida del año. Este es el último legado que el Entroido nos deja, y que perdura actualmente.
Ya que el Entroido coincidía dos meses después de las matanzas, se aprovechaba para degustar los mejores manjares, comidas muy calóricas, centradas en el cerdo y en la verdura de la huerta. Un ejemplo es el conocido lacón, chorizo y grelos. Se acompañaba con un postre espectacular, en el que las reinas fueron siempre las orellas de Entroido, escoltadas por sabrosos buñuelos o "chulas", o incluso filloas. Todo estaba bien regado con vino y copas de aguardiente, licor de café o chupitos de mezclado (aguardiente más licor de café).
Pero dentro de esta homogeneidad, había un intento por cambiar los menús de los dos grandes días, domingo y martes; pudiendo incluso, y respaldados por la conciencia popular, establecer diferencias entre ambos días, así:
- El domingo era tradición comer pedro o chorizo gordo, y cachucha, además de cachelos, cómo no, y verdura (grelos o berza).
- El martes, con el fin de cambiar un poco, se acostumbraba a servir lacón o la quijada del cerdo, con la correspondiente verdura y las patatas cocidas.
LOS DISFRACES
Conviene hacer un estudio pormenorizado de lo más importante del Entroido, los disfraces, que otorgan la complicidad necesaria para poder disfrutar de la fiesta.
Es, sin duda, aquí donde reside la mayor particularidad del Entroido de Boado, pues ejerce de subcultura dentro de la cultura gallega del Entroido, ya que se mezclan elementos comunes en el Entroido, así como particularidades propias de Boado.
En este apartado es también donde se pretende hacer una clara diferenciación del Entroido de Boado con el de Xinzo.
Xinzo, y su pantalla, por todos entendida como símbolo de fiesta, es además de ese símbolo un despropósito continuo hacia el Entroido, pues la autoridad que tienen es cada vez menor, y las conductas actuales no ayudan a que la situación cambie.
La Pantalla expropió el Entroido a los pueblos, no de un modo patente y explícito, pero sí sucintamente, y en una apreciación personal, si se me permite, creo que no merecía la pena pisar al más débil, si él era feliz, para procurar una masificación que solo hace felices a unos pocos.
Con la diferenciación según el día en el que se encontrasen, puede establecerse una relación de disfraces, diferenciados en cuanto a quién los vestía, porque el Entroido sí establecía roles distintos para hombres y mujeres. Así:
En el hombre:
- Espantallo: Un hombre cogía paja y recubría el cuerpo, a modo de vestido elaborado, intentando cubrir la mayor parte del cuerpo; así, además de conseguir la risa de los asistentes adultos, se ocultaba y pretendía asustar a los más pequeños del pueblo, que veían en el Entroido una pesadilla de monstruos y caras feas. Se llamó en algún momento pantalla.
- Guardia Civil (o cualquier otra autoridad): La originalidad era poca, pero se prestaba a la perfección para hacer burlas y jolgorio. Si había algún familiar en el cuerpo, era perfecto, y si no era así, no pasaba nada, pues se hacía lo más original posible.
- Vaca o mula: Dos hombres, colocados uno detrás del otro, dando una semejanza a los dragones chinos, se tapaban con una manta o cobertor, y elaboraban dos cuernos, cuando eran vacas, para meterse con la gente.
- Mujer: El Entroido era la mejor ocasión para sacar las galas de las mujeres de la casa, pero en el cuerpo de los hombres. El Entroido da el derecho a travestirse, y ninguno de los hombres huía de la tentación de colocarse una falda, una toquilla, unas medias y refajo.
- Coroza: Era una prenda confeccionada a partir de los juncos que era fácil encontrar en las cuantiosas zonas con humedad suficiente para que crezcan. Los juncos eran sometidos a un proceso en el que se majaban, para luego confeccionar las más diversas prendas. El fin primero de las carozas era el de protegerse cuando era la época del riego y el de servir como prenda común para ir con el ganado. Generalmente se elaboraban chalecos y polainas. En el Entroido hacían las delicias de los asistentes gracias a su vistosidad.
- Carucho: Es la propia coroza con capucha, es decir, un complemento más que lograba que se tapara la cabeza, lo que favorecía que se desconociese la identidad de la persona que lo llevase. Tanto en las carozas como en los caruchos eran afamadas las que elaboraban Camilo Vila y el Tío Soutelo.
- Vellos das chocas: Los más veteranos en la fiesta gustaban de asustar a la gente, sobre todo la semana anterior al Entroido. Para ello, colocaban unas chocas o cencerros alrededor del lomo, corrían el pueblo en busca de posibles víctimas de sus fechorías.
- Manturrieiros: (motivo de estudio más adelante).
En la mujer:
- Feas: El domingo, coincidiendo con la llegada de los visitantes de las aldeas vecinas de Pena, Soutelo y sobre todo de Pidre, la tradición mandaba que el disfraz era el de fea, pues era el obsequio que se brindaba a los visitantes. No eran exactamente feas, las mujeres iban de viejecitas, de enfermas o de seres deformes. Colocaban rellenos de paja en la joroba y en la barriga, acompañado todo por las galas más viejas y gastadas que se tuviesen en casa. Se intentaba también cubrir la cara, con un trapo con dos agujeros para los ojos más una media o una careta hecha en casa o en la escuela.
- Bonitas: El martes era el día más importante para los boadeses, pues era el día que por lo general tomaban la alternativa y iban a Pidre a versear. Para dar la mejor imagen, las mujeres se disfrazaban de bonitas. No era más que un traje de lunares, si podía ser, con flecos y volantes, recibía también el nombre de andaluzas o gitanas.
- Española: Es una variante de bonita, pero era la variante más vistosa, pues del modo más artesanal posible, se colgaban miles de papeles para la ornamentación; además, se creaban las propias joyas y complementos.
- De época: Una corriente, que no por menos extendida era menos importante y curiosa, es la que mantenían algunas de las chicas del lugar, que rechazaban abiertamente el traje de españolas, y optaban por utilizar prendas de principios de siglo de la sociedad rural gallega, que era a la que pertenecían.
EL CICLO DEL ENTROIDO
El Entroido en Boado, salvaguardando algún detalle, seguía el esquema general de la comarca, es decir, preludio del Entroido, domingo y martes propios, y miércoles de ceniza o cinsa.
A modo de almanaque del Entroido, podríamos citar los momentos más importantes, sin olvidar que el Entroido es la fiesta de la improvisación por antonomasia, por lo que no se regía la fiesta por un guion preestablecido, aunque se encuentran datos comunes todos los años. Así:
Domingo corredoiro, fareleiro o de las chirnas: En este domingo anterior al Entroido el día comenzaba con una misa común para luego pasar a la costumbre de encender una importante hoguera en una zona estratégica, entre el Cruceiro y la Aira dos Moitos, donde hay una pared de piedra en el lugar, que era el refugio de aquel que no quería ser ensuciado por los demás participantes en la fiesta. El objetivo de los juegos era, por un lado, con las chirnas (restos de madera o similar que quedan a medio arder, por lo que manchan mucho), manchar a la gente, y por otro lado se procuraba salir limpio de la fiesta. Además de las antedichas chirnas se empleaban materiales como ceniza o salvado, de donde le viene el nombre de domingo fareleiro o de las chirnas.
Además del juego mencionado, el ambiente estaba amenizado por el ritmo de las lateiras, como la inigualable Tía Lucinda, que de una simple lata de pimiento que llegaban a Boado de la feria sacaban las más cautivadoras melodías.
A lo largo de toda la semana que transcurría desde el domingo corredoiro hasta la llegada del Entroido, era la semana de asustar a la gente, para eso estaban los vellos das chocas, que formaban amplios grupos. Otros, sin ser los vellos das chocas, es decir, los más jóvenes de Boado, también asustaban a la gente (sobre todo a las chicas casaderas) por la noche, amparados por la oscuridad, o incluso llegando a simular ser ladrones.
A raíz de estos acontecimientos surgieron cuantiosas leyendas y cuentos, como el famoso año en el que se asaltó el fiadeiro, sin poder reconocer a ninguno de los atracadores.
El domingo de Entroido: El día comenzaba con una misa, cuyo final otorgaba la licencia precisa para comenzar el jolgorio.
Mandaba la tradición que el domingo de Entroido los de Boado eran visitados por los vecinos de los pueblos vecinos (Pena, Soutelo y potencialmente Pidre, del que dista un kilómetro aproximado); ellos venían muy bien vestidos; por el contrario, los boadeses aguardaban la visita con las peores galas posibles, yendo en la medida de lo posible de feos.
El orden no estaba establecido, pero por lo general los de Pidre eran los que venían el domingo hacia Boado, para luego el martes invertir el orden.
El objetivo de los de Pidre era satirizar las costumbres y acontecimientos de los de Boado y para ello venían provistos de textos escritos con anterioridad, en los que sin mala intención se da una vuelta por lo oscuro de la vida de cada uno de los vecinos del pueblo de al lado.
Pero sin duda, el mayor atractivo del asunto era cuando se establecía una cuerda en el camino hacia el pueblo adversario. Cuando los de Pidre llegaban a las inmediaciones de Boado, ya se esperaban con una cuerda que simbolizaba que no podían atravesarla, y por lo tanto, a modo de regueifa comenzaban a versear. Uno tomaba la palabra por un lado, y la réplica no se hacía esperar. Perder esta lucha dialéctica significaba ser motivo de burla durante un año entero, por lo que había gente que se especializaba en el asunto, y en el momento que llegaba el pueblo invasor eran buscados por todos para rebatir las acometidas de los otros; son recordados por su rapidez mental tanto como por su espontaneidad el Tío Soutelo (el rey del Entroido de Boado) y Antonio Furela.
En este apartado me valió de gran ayuda la estrecha colaboración que mantuve en la realización del trabajo con Ángela Iglesias, que es la última figura del genuino Entroido boadés. Ella me recitó (como se podrá apreciar en los archivos gráficos adjuntos) la siguiente estrofa, en un momento de pánico ante los ataques de los de Pidre, y haciendo tiempo para que llegasen los verdaderos especialistas, pues los versos dicen así:
(Peghilla de Pidre)
Se me facedes o favor retirades a cordela porque se non a quitades chega o sangre a Pontecela*
*zona comunal de Boado, que se encuentra en la parte más baja del pueblo.
(Ángela Iglesias de Boado)
Ei de vos dicir unha cousa e non me digades que non pra arrebater ós de Pidre chegan os cas do Simón
(Versos en gallego, tal como los recoge el autor. Traducción aproximada del primero: «Si me hacéis el favor, retirad la cuerdecita, porque si no la quitáis llega la sangre a Pontecela». Del segundo: «He de deciros una cosa y no me digáis que no: para arrebatar a los de Pidre llegan los de casa de Simón».)
Esto es un claro ejemplo de la rivalidad que se vivía en estos enfrentamientos verbales, en los que participaban tanto los ilustrados como los que no sabían ni leer, porque era tan solo el arte de la improvisación la que valía en estas ocasiones.
Al terminar los enfrentamientos, la fiesta era amenizada por los gaiteros y las lateiras que conseguían, con sus cantos y ritmos, que los pueblos se amistasen por un instante.
Lunes de Entroido: Era un día tranquilo, pues aún duraba el cansancio del día anterior y al día siguiente aguardaba otra fiesta igual. Tan solo al anochecer, los más atrevidos eran los que se disfrazaban y salían a la calle para hacer fechorías con la gente que por allí estaba. Además tenían la licencia de entrar en los telares, donde estaban las mozas, y en las cocinas.
Se empleaban los trajes de la semana anterior, de farrumeiros, que se caracterizaban por lo descuidado de su elaboración.
Martes de Entroido: El domingo es un día que se asemeja al del martes, pero con la peculiaridad de que se invierten los papeles en cuanto a qué pueblo visita al otro. Por lo general, el martes llegaban de bonitos los boadeses a los territorios de Pidre, donde se enfrentaban en batallas dialécticas, y donde los de Boado les leían el testamento, donde intentaban ridiculizar a todos los de Pidre. Hay el recuerdo de que incluso los martes había misa.
También había música, de los gaiteros casi siempre, aunque paulatinamente se fue sustituyendo por los tocadiscos.
El paso del tiempo trajo consigo una serie de importantes variaciones, producto de la coyuntura que se dio en ese momento. La fiesta se hizo cada vez más privada, lo que por un lado enriqueció los lazos afectivos de los boadeses, pero también hizo que la gente creyera que se estaba acabando la tradición y se refugiara en el Entroido de Xinzo.
Entre las claras ventajas, desde mi parecer, estuvo la posibilidad de que los testamentos fuesen escritos por y para boadeses, lo que multiplicaba la gracia que hacían, pues por todos eran conocidos los trajines de cada uno.
El último testamento que se escenificó en Boado data de 1981, fecha en la que la agonía se apoderó de una tradición tan beneficiosa para el pueblo.
El miércoles de ceniza: La fiesta llega a su fin, la religión, omnipresente en la sociedad gallega, veta la fiesta por una temporada, un año. Es tiempo de Cuaresma, de religión, de pasión. Se celebra la misa más solemne del año, en la que no se cantaba, era de obligado cumplimiento llevar un velo negro (aunque su uso era frecuente ya durante el año, salvo en la Inmaculada, en la que las solteras llevaban el velo blanco), tampoco podía tocar la banda dentro de la iglesia, privilegio exclusivo para el día de San Pedro.
EL ENTROIDO DE LOS NIÑOS
Los niños eran menos niños de lo que son ahora. Es por eso que no se puede establecer a qué edad se dejaba de ser niños, simplemente se dejaba, bien fuese por méritos en la escuela, en el trabajo, por tener algún hermano joven, o por lo que sea, pero lo cierto es que al Entroido de los mayores no podía acceder cualquier niño, y esto roza la contrariedad, pues los niños son los que potencialmente más pueden jolgoriar en la homenaje a don Carnal.
Para los pequeños estaba reservada otra función, una fiesta diferente, de la que yo puedo decir que fui partícipe.
La noche del sábado de Entroido, o el lunes en su defecto, los chicos se ataviaban con los harapos más viejos de la casa, y así conseguían ir de gitanos o mazarocos, aunque también se incluían en la costumbre de los mayores de llamarles "farrumeiros", que todo aquel que no tenía disfraz definido, pero que tenía ganas de jolgorio y pasarlo bien.
El juego de los pequeños consistía en ir de puerta en puerta pidiendo una limosna, que gustosamente daban en todas las casas, aunque en alguna aguardaban a los chicos para asustarlos. Los niños recibían, por lo general, huevos, chorizo, conservas, pan… es decir, lo imprescindible para una buena cena, que preparaban en la casa de alguno de ellos.
EL MANTURRIEIRO
Procedo a continuación a hacer un estudio del personaje más importante y temido del Entroido boadés.
Eran estos los verdaderos protagonistas del Entroido de Boado, cuando entraban en las casas de la gente (y más recientemente en las tabernas) para asustar a todos los presentes, centrando sus iras en las mujeres, a quienes intentaban desnudar, y en los niños, que se mostraban temerosos ante la posibilidad de que llegaran los tan temidos Manturrieiros.
Sus acciones se centraban en dos campos bien diferenciados: uno, en la calle, ya que todo el que se atreviera a frecuentar las calles del pueblo en días tan señalados tendría su merecido a modo de susto y jolgorio; y dos, en las casas, donde entraban de sopetón en las lareiras de la gente, que era donde estaban generalmente, y ofrecían un inmenso repertorio de fechorías y festejos.
En su vestimenta destaca:
- La "manturria": hecha con los sobrantes de otras confecciones, o incluso con trapos viejos, y que cubría todo el cuerpo de la persona que la llevaba. Sus partes eran el carapucho, en la cabeza, el lomo, en la espalda, y el pecho, en la parte delantera.
- La cuerda: con la que se hace el nudo que forma el carapucho de la cabeza, donde se mete esta última, para ocultar el rostro.
- El cinto: generalmente de cuero, para amarrar la manturria al cuerpo por la parte de la cintura, intentando cubrirlo con la propia manturria.
- La toquilla: se tapaban la espalda con ella, podía tratarse de un trapo negro, o totalmente colorido.
- La mierda: era común impregnar el traje con excrementos o barro para lograr un aspecto más macabro.
- El cesto: los Manturrieiros portaban un cesto, en el que se llevaba ceniza, harina o paja seca, para ensuciar a la gente.
- El palo: era el principal utensilio para asustar, recomendable que acabase en punta para hacer más daño.
- Chocas (opcionales): hay dos corrientes entre la sabiduría popular, hay quien dice que no las podían llevar para mantener el sigilo, mientras otros dicen que sí las llevaban, porque lo importante era hacerse notar.
Solían salir por la noche, o como mucho al anochecer, pero nunca bajo la luz del día, que ejercía un papel de enemiga, pues lo más importante era que pasaran los días del Entroido y que la gente no supiera quiénes fueron los que pasaron por las casas, y así discutir por si sería una u otra persona.
Enlaces
Fuentes
- O manturreiro no entroido de Boado, en Actas do III Congreso de Patrimonio Etnográfico Galego: O ciclo do entroido (Deputación de Ourense, 2010), pp. 65-72. http://revistas.biblioteca.uvigo.es/libros/ACTAS_III_CONGRESO_ETNOGRAFIA.pdf
- O manturreiro no entroido en Boado (Dialnet, rexistro bibliográfico). https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7238588
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