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Lagoa de Antela

Las sanguijuelas de la Lagoa de Antela

En el siglo XIX la Lagoa de Antela fue un criadero de sanguijuelas de fama en España: una factoría exportaba a Francia, la captura acabó regulada y la pérdida del criadero entró en las quejas contra la desecación.

Uso
sangrías médicas
Mercado
Francia
Compra francesa
4 reales por libra
Importaciones francesas
más de 57 millones de ejemplares

Entre las piezas olvidadas de la historia de la Lagoa de Antela están las sanguijuelas (sambesugas): los gusanos chupadores que, en el siglo XIX, médicos de toda Europa usaban para hacer sangrías. La laguna fue uno de los criaderos más valorados de España, y su pérdida figura entre los perjuicios que los vecinos atribuyeron a la desecación.

Por qué se querían tantas sanguijuelas

El médico francés François Joseph Victor Broussais defendió en el siglo XIX que todas las enfermedades nacían en el tracto gastrointestinal y que se curaban eliminando la sangre «perjudicada» con sangrías de sanguijuelas. Su teoría triunfó tanto desde Francia que se disparó la demanda y se sobreexplotó el recurso en varios puntos de la península, entre ellos la Lagoa de Antela [1]. La «fiebre de las sanguijuelas» tuvo su máximo apogeo en 1832 y Francia llegó a importar más de 57 millones de ejemplares [1].

Un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela, en colaboración con la de Cádiz, publicado en la revista Medical History con autoría de Damián Copena y María Gómez-Martín, analiza este comercio hispano-francés, desde la recogida y la regulación hasta las relaciones comerciales con Francia hasta 1860 [1].

La factoría de Antela

Según ese trabajo, en la Lagoa de Antela se instaló una factoría que dejaba «para los franceses tanto lucro como pudieran los atunes en las almadrabas de Conil». Los franceses pagaban las sanguijuelas a cuatro reales por libra (de treinta a cuarenta docenas), y en el noroeste peninsular el lugar de referencia para la recolección estaba en Ourense. Copena resume que era una actividad muy lucrativa para los franceses y no tanto para los gallegos [1].

Regulación y prohibición

La sobreexplotación hizo que el Gobierno, a partir de la información de la Subdelegación de Medicina, Cirugía y Farmacia de Santiago de Compostela, considerase necesario controlar las poblaciones. Se estableció una parada de dos años y una temporada exclusiva de captura, con prohibición de recoger sanguijuelas en marzo, abril y mayo, la época de reproducción. La medida rigió finalmente solo en Galicia, la zona más afectada [1].

La fuente atribuye a Copena que en 1827 Galicia se convirtió en el primer territorio en prohibir la extracción, y el mismo artículo sitúa en 1839 la prohibición de capturar el anélido, complementada con medidas para aumentar las poblaciones [1]. Según el estudio, en Galicia las capturas no agotaron el recurso, y a partir de 1850 la península dejó de ser proveedora para pasar a importar sanguijuelas; desde 1860 la terapia fue sustituida por otras de base científica [1].

El criadero perdido

La SGHN recoge, a partir del estudio de Eduardo Rico Boquete sobre los proyectos de desecación (2008), que el 26 de marzo de 1848 el vecino José Pinal presentó una instancia al Gobierno político de la provincia denunciando los perjuicios de desecar una parte de la laguna, entre ellos la destrucción del «criadero de las mejores sanguijuelas que España poseía» [3]. Cuando se multiplicaron los proyectos del siglo XIX, los vecinos se oponían en parte porque perdían tierras de pastoreo, pesca y sanguijuelas [2].

La falsa endemia de malaria

Para justificar la desecación, a partir del siglo XVIII se extendió que Antela era un «charco de infecciones y grandes olores» y se difundió la idea de que causaba malaria endémica, que la fuente califica de falsa [2]. El canónigo Bedoya, en 1831, pedía que el «triste agua» de la laguna no le cerrase a A Limia el paso a los «campos de su felicidad» [2]. La historia completa de los proyectos está en La desecación de la Lagoa de Antela.

Gciencia recuerda que, según la antropóloga Olalla López Costas, la malaria (las «fiebres tercianas») fue común en Galicia hasta el siglo XIX, ligada al agua estancada de poca profundidad, y que algunas teorías sitúan las fiebres palúdicas entre las razones de desecar la Lagoa de Antela. En su Memoria sobre el desagüe de la laguna Antela ó de la Limia (1831), Bedoya pedía que dejasen de ser tan comunes las fiebres intermitentes que atribuía al «nocivo charco» [4].

Enlaces

Fuentes

  1. Gciencia, «As sambesugas, as ‘curandeiras’ do século XIX que se cultivaron na Lagoa de Antela» (sobre Copena e Gómez-Martín, Medical History). https://www.gciencia.com/medioambiental/sambesugas-curandeiras-seculo-xix-se-cultivaron-lagoa-antela/
  2. Gciencia, «A falsa endemia de malaria e outros intentos para desecar a lagoa de Antela». https://www.gciencia.com/medioambiental/falsa-endemia-malaria-outros-intentos-desecar-lagoa-antela/
  3. Sociedade Galega de Historia Natural, «Intentos de desougamento da Lagoa de Antela». https://sghn.org/intentos-desougamento-lagoa-antela/
  4. Gciencia, «Cando a malaria era unha doenza común en Galicia». https://www.gciencia.com/retro/cando-a-malaria-era-unha-doenza-comun-en-galicia/
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