
Moros y moras de A Limia: tesoros, secretos rotos y encantos
Las leyendas de moros y moras de A Limia: las moras del Treboal, la mina de Covelas, el carro de oro de A Touza, la niña de los moros, la Casa da Moura de Calvos de Randín y los tesoros que desaparecen cuando se rompe el secreto.
En toda Galicia los moros y las moras son seres encantados que guardan tesoros en peñascos, castillos, fuentes y túneles. En A Limia las leyendas más repetidas tienen una regla común: el tesoro o el regalo de la mora solo vale si se guarda el secreto; cuando se rompe, desaparece, o algo peor [1]. Esta página recuenta, con todos sus pasos, las leyendas que recogieron los informantes en los concellos de Os Blancos, Calvos de Randín y Xinzo de Limia.
Las moras del Treboal («Mariquiña, Maricola»)
En los peñascos del Treboal, en Covelas (Os Blancos), vivían unas moras. Un día llamaron a María, una muchacha que andaba con el ganado por el monte, y le dieron una cesta de habas que se volverían oro si no se lo contaba a la madre; si se lo decía, la matarían. María prometió no decir nada, llevó la cesta a casa y la puso encima de un arca. La madre cavilaba: «¿Qué traes?» —«No te lo puedo decir.» —«¡O me das la cesta o te doy una paliza!». María acabó por dar la cesta y, claro, las habas siguieron siendo habas. Al día siguiente volvió al monte; las moras la llamaron y la mataron. Cuando la madre y los vecinos fueron a buscarla, una de las moras respondió: «Mariquiña, Maricola, / con aceite e allo / metida na barrigola!» (Mariquiña, Maricola, con aceite y ajo, metida en la barriguita). Fue recogida por Manuel Jardón Moure en enero de 1994 [2].
El ciclo de la mora antropófaga, que mata y se come a las niñas que rompen el secreto, se repite en Sandiás con el mismo estribillo («María, Mariola, frita en aceite va en mi barriguita») y en otros lugares, y en A Limia con variaciones de nombre: «Maruja, Marujón», «Marta, Martola» [1][7].
Chorizos en la mina de los moros
En Covelas hay una mina de los moros que va de Nocedo a Valdarca. Un hombre entró en ella buscando el oro que, se decía, guardaban los moros, pero no conseguía salir y tuvieron que ir los vecinos por él. Contó que no había encontrado oro, pero sí chorizos «y de todo» [3].
El carro de oro de A Touza
En A Touza (Covelas) había un carro de oro que solo se podía sacar leyendo mucho y sin parar. Una noche fue al lugar el abuelo de un tal Roque y comenzó a leer. Leyó y leyó; sintieron un temblor muy grande, la tierra se hundió y llegaron a salir los varales del carro, que eran de oro. Pero de repente el hombre no pudo leer más y todo se hundió. Es de la misma familia de los tesoros que se desencantan con el libro de San Cipriano, el Ciprianillo [4].
La niña de los moros y el morito del Monte do Castelo
El blog As tradicións da Limia recogió en 1995 y 2002 tres cuentos de moros en el Monte do Castelo, «donde están las antenas». En el primero, una niña que llevaba el ganado al monte era cuidada por los moros, que le daban de comer y la peinaban con el compromiso de no contarlo. La madre sospechó y le hizo contar la verdad; al día siguiente la niña no volvió y, cuando la llamaron, una voz del fondo de la tierra respondió: «Maruja, Marujón está en mi cazolón» [6]. En el segundo, una mora parió en el castillo y el moro bajó a la aldea a buscar una moza que le diese de mamar al niño; al marcharse le metió unos carbones en el bolsillo de la falda, que ella tiró por el camino por parecerle un regalo mezquino; en casa le cayeron dos monedas, que eran los carbones transformados, y ya no encontró los otros [6]. El autor dice que es el único cuento que conoce en el que los moros necesitan una nodriza de la aldea [6].
La Casa da Moura de Calvos de Randín («Falaches, corneaches»)
En la Casa da Moura, monumento megalítico de Calvos de Randín, un pobre que iba de mañana temprano a la feria del dulce a comprar cochinillos encontró a un moro (en otras versiones, una mora; o la protagonista es una niña). El moro le preguntó si tenía dinero para comprarlos y el pobre dijo que poco. El moro le mandó comprar dos cerdos de los mejores y esperarlo allí con el vendedor, que después le pagaría. Así fue: el moro se quedó con un cerdo y el hombre con otro. Le dijo entonces: «tráeme aquí todas las mañanas temprano medio cuartillo de leche (en otras versiones, pan). Tú no llames a nadie. Déjamelo en este sitio, que ya tendrás en él un peso todos los días. Y ten cuidado de no decir nada a nadie». Durante mucho tiempo el hombre llevó la leche y cogió el dinero. La mujer le preguntaba de dónde venía y porfió hasta que se lo dijo. Al día siguiente, en lugar del dinero, encontró un cuerno con un letrero: «Falaches, corneaches» (hablaste, te pusieron cuernos) [5].
El tesoro de Mosteiro (Guntimil)
En el lugar de Mosteiro, en Guntimil (Xinzo), las casas están hechas con las piedras de un monasterio abandonado y, en un otero frondoso, quedan las ruinas, que tienen fama de guardar un tesoro. Se cuenta que a comienzos del siglo XX llegó un grupo de ingleses con el Ciprianillo en la mano, con azadas, picos y palas, pero en cuanto los paisanos se dieron cuenta, los echaron a pedradas. «Allá debe continuar el tesoro, porque hay cosas que es mejor no remover» [8].
Enlaces
Fuentes
- «Micromitos 101: As mouras antropófagas», Antonio Reigosa, Nós Diario, 21/01/2021, en Galicia Encantada. https://galiciaencantada.com/lenda.asp?cat=19&id=3115
- «As mouras do Treboal», recollida por Manuel Jardón Moure (xaneiro de 1994). https://galiciaencantada.com/lenda.asp?cat=17&id=445
- «Chourizos na mina dos mouros», Galicia Encantada. https://galiciaencantada.com/lenda.asp?cat=17&id=530
- «O carro de ouro da Touza», Galicia Encantada. https://galiciaencantada.com/lenda.asp?cat=2&id=446
- «A Casa da Moura», Galicia Encantada. https://galiciaencantada.com/lenda.asp?cat=17&id=612
- «Tres contos de mouras e mouros», As tradicións da Limia, 12/05/2021. https://tradicionsdalimia.es/tres-contos-de-mouras-e-mouros/
- «A Fonte do Mouro de Sandiás (2)», Xavier Feixoo, Galicia Encantada. https://galiciaencantada.com/lenda.asp?cat=4&id=317
- «O tesouro de Mosteiro da Limia», texto de Serxio González Souto, Galicia Encantada. https://galiciaencantada.com/lenda.asp?cat=2&id=318
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